
invade mi alma,
en este paisaje
blanco y negro,
que acunado de canto
me agasaja,
y en silente martirio
me castiga.
Con esta tenue lluvia
que acaricia,
y a estos labios sin dueño
humedece,
Parada estoy aquí…
Río... Mar... Agua...
En el lugar ceñido
que he podido.
Con una mirada urgente
te acorralo,
para sentir tu arrullo
en mis oídos...
y abrigar tu recuerdo
sigilosa,
con un simple paraguas
por amigo.
Y callada me quedo,
silenciosa…
Dormida,
esperando tus brazos
en onírico rezo,
permanezco confiada,
recordando tus manos...
... Que en bellísimo gesto
hoy lograron rozarme.